lunes, 23 de marzo de 2026

 UNA NUEVA PRIMAVERA


La primavera no llegó este año caminando… ¡llegó bailando! Una mañana, el viento apareció más hablador que nunca, como ese amigo que te despierta de la siesta para contarte un chisme jugoso. “Eh, espabilen, que ya toca florecer”, murmuraba entre hojas y ramas.

Y claro, la primavera, que siempre hace su entrada como si fuera la protagonista de una película, abrió un ojo, luego el otro y dijo: “Bueno… ¡vamos a darle color a este mundo otra vez!”

Las flores, que llevaban meses escondidas como si estuvieran en modo avión, salieron de golpe. La margarita se acomodaba los pétalos como quien se peina antes de una foto. La amapola preguntaba si ese rojo le hacía justicia. Y el almendro… bueno, ese directamente empezó a soltar flores como si fueran confeti en una fiesta sorpresa.

De pronto, el valle entero parecía recién pintado. Colores por aquí, aromas por allá… hasta el sol se quedó mirando como diciendo: “¡Pero qué guapos están hoy!”. Y cualquiera que pasaba por allí terminaba respirando hondo sin querer, como si la primavera les diera un abrazo sin pedir permiso.

Las flores, muy poéticas ellas, iban lanzando mensajes al aire: “Tranquilo, que después del frío siempre llega algo bonito.” Y tenían razón. Cada pétalo parecía guiñarte un ojo y decirte: “Eh, tú… también puedes florecer.”

La gente que caminaba por el valle empezaba a sonreír sin motivo, como si la primavera les hubiera contado un chiste privado. Porque sí, hay estaciones que cambian el paisaje… pero la primavera tiene la manía de cambiarnos por dentro también.

Y así, sin hacer ruido, sin pedir permiso y sin avisar… la primavera volvió a recordarnos que la vida no se mide en los días que pasan, sino en los momentos que florecen dentro de nosotros. 🌿✨

E.A.A.

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